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DE LA CENSURA, A LA AUTOCENSURA

Policía antimotín contra transportistas en el Ayuntamiento de Tijuana. Junio de 2016.
Había una vez, hace mucho tiempo, una sociedad reprimida. Reprimida por su gobierno, por su moral, por sus costumbres, su ignorancia, por su corrupción, y también por su religión.

En aquella época, se debía cuidar lo que se decía, bien podían despedirte, golpearte o hasta matarte, solo por decir algo «inapropiado«.

El gobierno utilizaba los medios de comunicación como voceros de su propaganda, y censuraban los contenidos que evidenciaban su desempeño o exponían su corrupción.

Se vetaba a bandas o artistas transgresores que se atrevían a levantar la voz, y el arte urbano fue uno de las pocos medios de expresión sin censura, que se podían utilizar para compartir lo que se pensaba, pero claro, era mal visto e incluso penalizado.

Pero de pronto, llegó el Internet…

Conforme incrementó la accesibilidad a este nuevo medio de comunicación masivo, que ahora funcionaba globalmente y en ambas direcciones, la situación comenzó a cambiar exponencialmente.

Hubo una «revolución moral«, en gran parte debido a las redes sociales, ya que estas permitían a los usuarios compartir proyectos, promocionar negocios, compartir arte, y sobre todo, ideales.

El filósofo y escritor italiano Umberto Eco, decía que «Si la televisión había promovido al tonto del pueblo, ante el cual el espectador se sentía superior», el «drama de Internet es que ha promovido al tonto del pueblo como el portador de la verdad». Asegurando que las redes sociales «dan derecho de hablar a legiones de idiotas».

Esta nueva «revolución moral» dio oportunidad a nuevos medios, con discursos alternativos, yuxtapuestos a los emitidos en medios tradicionales, sin censura mayor a la autoimpuesta, o a cuestiones legales como derechos de autor.

En la industria del cine, por ejemplo, compañías de renta de películas como Blockbuster, se fueron a la quiebra debido a que no supieron adaptarse a estos nuevos formatos digitales. Ahora el consumo era por transmisión en linea o «streaming», y comenzaron a surgir nuevos modelos de negocio que permitían al usuario ver películas desde la comidad de su hogar.

Algo similar ocurrió con la industria musical, hubo una revolución en la música independiente, debido a que estos nuevos medios permitían a los artistas compartir y comunicarse bidireccionalmente con su audiencia, sin necesidad de depender de disqueras para la producción, manejo y distribución de su material.

Así fue como todo comenzó. Primero fueron videos de borrachos «chistosos», los creadores de contenido, los memes, podcast, y blogs, quienes habían sido los primeros medios de difusión en Internet, pero fueron menospreciados debido a la cantidad de energía que implicaba leerlos.

Pero con esta nueva ola de contenidos e «influencers«, los blogs se volvieron una de las principales herramientas para las marcas, que buscaban incrementar su presencia en Internet, y atraer audiencia en medios digitales.

En México, esta apertura en la comunicación permitió grandes cambios en el comportamiento colectivo, ahora ya nos podíamos comunicar a nivel masivo, ponernos de acuerdo para hacer cambios significativos, apoyar en desastres naturales, compartir noticias, derrocar sistemas políticos, y emprender nuevos proyectos… pero nada es para siempre.

Protesta contra Kiko Vega, gobernador de Baja California. Junio de 2016.

De acuerdo con Joseph Goebbels, quien ocupó el cargo de ministro para la Ilustración Pública y Propaganda del Tercer Reich, existen once principios de la propaganda, de los cuales uno aplica particularmente para este análisis. El principio de la vulgarización, que dice:

«Toda propaganda debe ser popular, adaptando su nivel al menos inteligente de los individuos a los que va dirigida. Cuanto más grande sea la masa por convencer, más pequeño ha de ser el esfuerzo mental por realizar. La capacidad receptiva de las masas es limitada y su comprensión escasa; además, tienen gran facilidad para olvidar«.

Esto quiere decir que el contenido «viral» que tanto nos encanta, funciona como tal, debido al poco esfuerzo mental que se necesita para comprenderlo, es tan simple y carente de profundidad que hasta la persona con menor nivel educativo o capacidad de razonamiento, de la muestra que nos representa, es capaz de entender.

«La marcha de las putas», manifestación en Tijuana contra la violencia de género en México. Junio de 2016.

Y fue así como todo se fue a la mierda, pronto todos comenzaron a descubrir que una opinión en masa tenía más fuerza que una voz independiente, pero ¿realmente tenemos la capacidad moral e intelectual para juzgar? y más aún en masa, en la que estudios han demostrado que la persona más básica del grupo al que pertenecemos es la que nos representa, tan así que solo es necesario voltear a ver a nuestros gobernantes para comprobarlo.

Entonces ahora vivimos en una sociedad autocensurada, que, en su búsqueda por la inclusión, excluye todo lo que va a contracorriente, una sociedad que se divide en subculturas, trastornos de personalidad, y busca validarlos como género, que victimiza a un porcentaje de la población debido a sus características específicas, e ignora todo con lo que no está de acuerdo.

El Internet se volvió un teléfono descompuesto, en el que, ¡SI SE PUEDE! compartir un movimiento, una nueva propuesta política, económica, o social con todo el potencial para cambiar el mundo, pero debido a nuestra naturaleza como seres humanos, se termina distorsionando en una versión superficial e incomprendida de la misma, se vuelve «tendencia«.

«Estamos en este mundo para convivir en armonía.
Quienes lo saben no luchan entre sí».

– Buda.

#Mansplaining

FIN

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